
Aprendímos que el amor es como una burbuja de jabón, tan reluciente un día y reventando al siguiente. Y entonces venían las lagrimas, las expresiones de dolor, la angustia en compañia de incontables tazas de café, junto a la mesa de la cocina, con los consuelos de una amiga o el amigo que también tiene sus problemas. Pero en cuanto se acaba un amor, venía de seguida otro para hinchar de nuevo la burbuja de jabón y elevarla en el aire. Que esfuerzo hacía toda aquella gente para encontrar el amor perfecto y encerrarlo bien encerrado, para que no se perdiera, sin conseguirlo jamás!
Flores en ático. V.C. Andrews.


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